Buena convivencia vecinal

En el siguiente artículo realizaremos un repaso por las normas generales a seguir dentro de una comunidad de vecinos y vecinas. Muchas de ellas están basadas en el propio sentido común y en el respeto por el otro. Otras están vinculadas a ordenanzas municipales o a normativas comunitarias.

Aun así, si el conflicto se produce, hay que tener en cuenta que el diálogo y el buen tono acostumbran a evitar que estos problemas vayan a más. O que incluso una pelea de escalera acabe en los juzgados -un extremo que deberíamos de evitar a toda costa, por su coste económico, pero también por su coste emocional para las personas implicadas.

Antes de comenzar a repasar las principales claves para una buena convivencia vecinal hay que resaltar que, como cualquier grupo social, las comunidades de vecinos han de estar bien gestionadas. Para ello es fundamental una organización mínima, a través de órganos de gobierno, presupuestos o una regulación interna, entre otros elementos.

Habitualmente cuando llegamos a una vivienda, la comunidad en la que aterrizamos ya está organizada. Pero si no es así, podemos recurrir a las guías que ofrecen algunos ayuntamientos como el de Barcelona o Málaga.

Dicho esto, vayamos con nuestra guía para una buena convivencia vecinal.

Respetar y cuidar los espacios comunes

Los edificios siempre cuentan con una serie de espacios comunes que han de ser cuidados y respetados desde el colectivo. Algunos estatutos de comunidad establecen normas específicas para estos lugares, como pueden ser la limpieza del hall, el uso de la terraza comunitaria o el cuidado de los ascensores. Aun así hay una serie de conductas aplicables a cualquier comunidad para evitar conflictos:

Tirar la basura en el tiempo y forma (ojo con los objetos voluminosos desechados, como electrodomésticos, muebles viejos, etc.) establecidos por la comunidad. O, en su defecto, por el ayuntamiento de turno.

No abandonar objetos en desuso en dichos espacios (hall, escalera, terraza común…). O evitar dejar otros objetos como bicicletas en estos lugares si así lo ha decidido la mayoría.

No bloquear los ascensores durante más tiempo del debido. Ni tampoco cargarlos en exceso en un solo viaje (típico en las mudanzas o cuando nos vamos a un viaje largo).

Cuidar entre todos estos espacios avisando al administrador o a quien toque cuando vemos algún desperfecto. Evitar por tanto el “ya avisará otro”…

No realIzar obras ni chapuzas que afecten de manera directa o indirecta a estos espacios. O al menos no hacerlo sin el consentimiento de toda la comunidad. Como pueden ser obras o modificaciones en el patio de vecinos, en uno de los pisos de la escalera, etc.

Ruidos a deshoras

El exceso de ruido es un problema recurrente en la convivencia entre vecinos. Esto ocurre porque en muchas ocasiones los criterios para valorar qué es o no molesto difieren mucho entre personas. Aun así, aquí es importante utilizar el sentido común y tener siempre en cuenta que vivimos en una comunidad de vecinos, no aislados en un chalet en medio de la estepa siberiana.

A ello hay que añadir otra máxima fundamental: hay que respetar el descanso de las personas. Para ello es recomendable evitar ciertas prácticas a partir de la hora de la cena (franja entre 21.00 y 23.00 horas). Entre ellas figuran el uso de ciertos electrodomésticos (lavadora, aspiradora, etc.), cantar o hablar excesivamente alto, poner la televisión a un volumen demasiado elevado o las labores de bricolaje, entre otras actividades.

Más allá de estas recomendaciones genéricas, ciertos ayuntamientos establecen límites para la emisión de sonidos según la hora y el espacio de la casa.

Uso responsable de los balcones y las ventanas

Los balcones o ventanas hacia el exterior o en el patio de vecinos son otro elemento conflictivo. Aquí una serie de consejos para no molestar a nuestros vecinos y garantizar el respeto hacia los demás:

 

– No lanzar ningún tipo de objeto por los balcones o ventanas. Ello incluye por supuesto las colillas de los cigarros, pero también la práctica relativamente habitual de sacudir las alfombras o tirar las migas que quedan en el mantel hacia el exterior.

No tender la ropa excesivamente mojada para así evitar que chorree sobre nuestros vecinos o sobre los transeúntes. Si las prendas salen muy mojadas de la lavadora un buen truco es hacer un primer secado en el lavabo y después sacarlas al exterior.

– No regar las plantas con agua excesiva. O al menos hacerlo con cuidado de que no caiga hacia los balcones o ventanas inferiores.

Mascotas respetuosas

Los consejos de este cuarto punto están relacionados con todas las cuestiones desarrolladas hasta ahora. Y ello aplica tanto si tenemos un perro de grandes dimensiones o un pequeño pájaro.

Por ejemplo, en el caso de los perros, hay que evitar dejar cualquier resto de excremento en las zonas comunes de la comunidad. Pero también asegurarnos de que los llevamos atados en aquellos lugares que así lo indiquen los estatutos (por ejemplo una piscina, parque infantil, etc.). E incluso cerciorarnos de que respetan el descanso de los vecinos, evitando ladridos continuos a altas horas de la noche.

Como ocurre con el resto de normas cívicas, tener una mascota en nuestro hogar sin molestar a los vecinos es sobre todo cuestión de empatía… y sentido común.

Para terminar,  te recomendamos contar con una cobertura profesional para tu vivienda. La mejor manera para evitar sustos y ahorrarnos conflictos con nuestros vecinos de escalera ante posibles accidentes o imprevistos.

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Escrito por: FIATC Seguros
En FIATC trabajamos desde 1930 con una misión: diseñar y ofrecer servicios de previsión que permitan mejorar la calidad de vida de las personas. Y lo hacemos a través de nuestras actividades principales: los seguros, la salud y el servicio a las personas mayores.